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Visión general
El recto es la última parte del intestino grueso, que se une con el ano. El cáncer de recto se desarrolla por la multiplicación descontrolada de las células que revisten la superficie interna de esta zona. La mayoría de los cánceres de recto se desarrollan a lo largo de años a partir de formaciones benignas llamadas pólipos; por ello, es posible detectarlos en una fase temprana.
Aunque el cáncer de recto se considera junto con el cáncer de colon bajo el término “cáncer colorrectal”, debido a su posición anatómica estrecha dentro de la pelvis presenta características propias en cuanto al diagnóstico, la técnica quirúrgica y la radioterapia. El diagnóstico precoz puede aumentar tanto las posibilidades de controlar la enfermedad como las opciones orientadas a preservar los músculos del ano y las funciones intestinales.
Muchas organizaciones internacionales recomiendan comenzar el cribado del cáncer colorrectal a los 45 años en las personas con riesgo medio. Si existen antecedentes familiares, un síndrome hereditario o una enfermedad inflamatoria intestinal, el cribado puede comenzar antes y se planifica de forma individual [4].
Síntomas y factores de riesgo
¿Qué síntomas hacen pensar en un cáncer de recto?
- Presencia de sangre en las heces o sangrado por el ano
- Cambio persistente en el hábito intestinal: diarrea, estreñimiento o cambio en la forma de las heces
- Necesidad frecuente de defecar o sensación de evacuación incompleta después de defecar
- Dolor, calambres o hinchazón en el abdomen o alrededor del ano
- Pérdida de peso sin explicación, falta de apetito o cansancio marcado
- Déficit de hierro y anemia
Estas molestias también pueden aparecer en enfermedades benignas, como las almorranas (hemorroides) o la grieta anal (fisura anal). Sin embargo, los síntomas de nueva aparición, recurrentes o que duran varias semanas deben ser valorados por un médico, sobre todo en personas mayores de 45 años o con antecedentes familiares. Un sangrado intenso, un desmayo, un dolor abdominal cada vez mayor, los vómitos o la imposibilidad de expulsar gases o heces requieren una valoración urgente.
¿En quiénes es mayor el riesgo?
Aumentan el riesgo la edad avanzada, los antecedentes de cáncer colorrectal o de pólipos avanzados en familiares de primer grado, las enfermedades hereditarias como el síndrome de Lynch y la poliposis adenomatosa familiar, y las enfermedades inflamatorias intestinales de larga evolución (colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn). El tabaco, el consumo elevado de alcohol, la obesidad, la inactividad física y una alimentación rica en carne procesada también se encuentran entre los factores de riesgo modificables. Tener un factor de riesgo no significa necesariamente que se vaya a desarrollar un cáncer.
Diagnóstico y estadificación
El método diagnóstico principal es la colonoscopia (exploración del intestino con un tubo fino que lleva una cámara en el extremo). Durante el procedimiento se observa la localización del tumor, se buscan otros pólipos o tumores simultáneos y se toma una biopsia (muestra de tejido) del tejido sospechoso. El diagnóstico definitivo se establece mediante el estudio anatomopatológico.
¿Qué pruebas se realizan después del diagnóstico?
- Resonancia magnética pélvica del recto: Valora la profundidad del tumor en la pared intestinal, su distancia a la fascia mesorrectal y a las estructuras vecinas, los ganglios linfáticos y la diseminación tumoral alrededor de los vasos. Es el método de imagen fundamental para planificar el tratamiento local [1,2].
- TC de tórax y abdomen: Investiga si existe diseminación a los pulmones, al hígado o a otras zonas [1,2].
- Análisis de sangre de CEA: No permite establecer el diagnóstico; su valor inicial y su evolución después del tratamiento pueden ayudar en el seguimiento en los pacientes adecuados [1,4].
- Biomarcadores tumorales: Se recomienda valorar en todos los pacientes, en el tejido tumoral, las proteínas de reparación de errores de emparejamiento del ADN (MMR) o la inestabilidad de microsatélites (MSI). Los resultados pueden influir en la probabilidad de síndrome de Lynch y, en algunos estadios avanzados, en la elección del tratamiento [1,2,4].
La estadificación no responde solo a la pregunta de “en qué estadio está”. La distancia del tumor al ano, su proximidad al margen quirúrgico circunferencial, los ganglios linfáticos, la diseminación extramural y la presencia de metástasis a distancia determinan el orden del tratamiento. Por ello, es importante que las imágenes se valoren en un comité en el que participen especialistas en cirugía colorrectal, radiología, oncología médica, oncología radioterápica y anatomía patológica.
Opciones de tratamiento
El tratamiento se individualiza teniendo en cuenta el estadio y la localización del tumor, sus características biológicas, el estado general de la persona, la función intestinal y las preferencias del paciente.
Enfermedad en estadio muy precoz
En tumores pequeños y superficiales, adecuadamente seleccionados, puede realizarse una extirpación local a través del ano. Sin embargo, como con este procedimiento no se extirpan los ganglios linfáticos, se valoran cuidadosamente el tamaño, la profundidad y el grado celular del tumor, la afectación vascular y nerviosa y los márgenes quirúrgicos. Si la anatomía patológica muestra un riesgo mayor de lo esperado, puede ser necesaria una cirugía radical complementaria u otros tratamientos.
Enfermedad localmente avanzada y tratamiento antes de la operación
En algunos estadios del cáncer de recto, la quimioterapia y la radioterapia pueden administrarse antes de la operación. Este plan de tratamiento se denomina “terapia neoadyuvante total”. Su objetivo es reducir el tamaño del tumor, tratar en una fase temprana las posibles células cancerosas y aumentar el éxito de la operación. En algunos pacientes también puede aumentar la probabilidad de preservar el ano y la continuidad intestinal.
No todos los pacientes con cáncer de recto necesitan estos tratamientos. El plan de tratamiento se prepara de forma individual teniendo en cuenta la localización y el estadio del tumor, los hallazgos de la resonancia magnética y el estado general de salud del paciente [1–4].
Tratamiento quirúrgico
El objetivo del tratamiento quirúrgico es extirpar de forma segura el segmento de intestino con cáncer junto con los ganglios linfáticos de su alrededor. En los tumores del recto medio e inferior se aplica la técnica quirúrgica denominada “escisión total del mesorrecto” (ETM), que permite extirpar en bloque los tejidos que rodean el tumor.
En los pacientes adecuados, la operación puede realizarse mediante técnicas laparoscópicas o robóticas. Sin embargo, más importante que la técnica quirúrgica es que el tumor se extirpe sin dejar tejido enfermo, que se consigan márgenes quirúrgicos seguros y que el procedimiento se realice conforme a los principios de la cirugía oncológica. El método más adecuado se determina teniendo en cuenta las características del tumor, el estado general del paciente y la experiencia del equipo quirúrgico [1,2].
Respuesta clínica completa y estrategia de ‘observar y esperar’
En pacientes seleccionados en los que, tras el tratamiento previo a la operación, los signos del tumor han desaparecido por completo en la exploración, la endoscopia y la resonancia magnética, puede considerarse en centros con experiencia un seguimiento estrecho sin operación. Esta estrategia no es un “dejar sin tratamiento” estándar. Durante los primeros años requiere tactos rectales, colonoscopias, resonancias magnéticas y pruebas de imagen sistémicas frecuentes; como el tumor puede volver a crecer en su zona, es imprescindible que la cirugía de rescate se realice a tiempo. La decisión debe tomarse tras hablar detalladamente con el paciente sobre las incertidumbres y las alternativas [1–3].
¿Qué es la cirugía con preservación del ano?
Los músculos que rodean el ano permiten retener las heces y defecar de forma controlada. Si el tumor no ha avanzado hacia estos músculos y es posible extirpar el tejido canceroso de forma segura, el ano puede preservarse. Así, el paciente puede seguir defecando por la vía normal.
Que el ano pueda preservarse o no no depende solo de la distancia del tumor al ano. Se valoran conjuntamente la relación del tumor con los músculos del ano, la respuesta al tratamiento aplicado, el control actual de las heces por parte del paciente y la calidad de vida esperada después de la operación. El objetivo prioritario es extirpar el tejido canceroso de forma segura y completa.
¿Necesitaré un estoma (bolsa)?
El estoma consiste en abocar el intestino a la pared abdominal, de modo que las heces se recogen en una bolsa especial fuera del cuerpo. No todos los pacientes operados de cáncer de recto necesitan un estoma.
En algunas operaciones en las que se preserva el ano puede realizarse un estoma temporal para que la nueva unión intestinal cicatrice de forma segura. Una vez completada la cicatrización y confirmado que la unión es segura, el estoma puede cerrarse en la mayoría de los casos con una segunda operación.
Si el tumor ha avanzado hacia los músculos del ano o no es posible volver a unir el intestino de forma segura, puede ser necesario un estoma permanente. Esta decisión se toma valorando conjuntamente el tratamiento seguro del cáncer, la reducción del riesgo de complicaciones después de la operación y la preservación de la calidad de vida del paciente.
Al principio, la idea de un estoma puede generar preocupación. Sin embargo, con una formación y un apoyo adecuados, el cuidado del estoma puede aprenderse; los pacientes pueden continuar con su vida diaria, su trabajo y sus actividades sociales. Hablar con el personal de enfermería especializado en estomas antes de la operación, marcar el lugar del estoma y recibir formación sobre su cuidado facilitan el proceso de adaptación.
Recuperación y seguimiento
En la actualidad, después de las operaciones de cáncer de recto se aplican programas de cuidados especiales que aceleran la recuperación. Estos programas incluyen la preparación antes de la operación, un control eficaz del dolor, la alimentación precoz y que el paciente empiece a caminar lo antes posible.
La duración de la estancia hospitalaria y el momento de volver a la vida diaria no son iguales para todas las personas. Influyen en ellos la operación realizada, los tratamientos adicionales recibidos, la edad, el estado general de salud y el ritmo personal de recuperación.
¿Pueden cambiar las funciones intestinal, urinaria y sexual?
Después de una operación de recto es normal que el hábito intestinal cambie durante un tiempo. En algunos pacientes pueden observarse:
- Deposiciones frecuentes y escasas
- Necesidad de volver al baño a intervalos cortos
- Sensación de urgencia repentina
- Deposiciones nocturnas
- Dificultad para controlar los gases o las heces
Estas molestias se denominan “síndrome de resección anterior baja”. En la mayoría de los pacientes, las molestias disminuyen con el tiempo. Ajustar la alimentación, utilizar medicamentos adecuados, los ejercicios de suelo pélvico y, en algunos pacientes, la irrigación intestinal pueden ayudar a controlar las molestias.
La operación y los demás tratamientos aplicados para el cáncer de recto pueden afectar a veces también a la micción y a las funciones sexuales. Este tipo de molestias no son motivo de vergüenza ni algo que deba ocultarse. Comentarlas con el médico durante las revisiones permite planificar el apoyo y el tratamiento adecuados.
¿Por qué es importante el seguimiento regular?
Una vez completado el tratamiento, es importante continuar con revisiones periódicas. El objetivo del seguimiento es:
- Detectar en una fase temprana una posible reaparición de la enfermedad
- Valorar mediante colonoscopia la aparición de nuevos pólipos o tumores
- Identificar los problemas de las funciones intestinal, urinaria y sexual relacionados con el tratamiento
- Vigilar la alimentación, la vida diaria y el estado general de salud del paciente.
El programa de seguimiento puede incluir exploración, el análisis de sangre llamado CEA, tomografía computarizada, colonoscopia y, si es necesario, resonancia magnética del recto. La frecuencia de estas revisiones se determina de forma individual según el estadio de la enfermedad y el tratamiento aplicado.
En los pacientes a los que se sigue de cerca sin operación, es decir, los incluidos en el programa de “observar y esperar”, las revisiones son más frecuentes y detalladas [1,5].
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el estadio del cáncer de recto?
El estadio indica cuánto ha avanzado la enfermedad en la pared del recto y si se ha extendido o no a los ganglios linfáticos cercanos o a otros órganos. Para la estadificación se utilizan diversas pruebas, principalmente la resonancia magnética del recto y la tomografía computarizada.
Según las guías actuales, la decisión de tratamiento no se toma únicamente en función del estadio de la enfermedad. También se valoran conjuntamente la localización del tumor en el recto, su relación con los músculos del ano, las características de riesgo observadas en la resonancia magnética, su naturaleza biológica y el estado general de salud del paciente. Por ello, el plan de tratamiento de dos pacientes en el mismo estadio puede ser diferente [1,2,4].
¿Puede curarse por completo el cáncer de recto?
Sí. Sobre todo cuando la enfermedad está limitada al intestino y a los ganglios linfáticos de su alrededor, la probabilidad de curación completa es alta. En estadios más avanzados también puede lograrse, mediante la aplicación de quimioterapia, radioterapia y cirugía en el orden adecuado, un control prolongado de la enfermedad y, en algunos pacientes, la curación completa.
El éxito del tratamiento depende del estadio de la enfermedad, de las características biológicas del tumor, de su respuesta al tratamiento y del estado general de salud del paciente. Por ello, las estadísticas generales que se encuentran en internet no muestran con certeza el resultado de un paciente concreto [1,4]. Por este motivo, los resultados deben valorarse de forma personal para cada paciente.
¿Se coloca una bolsa a todas las personas después de la operación de cáncer de recto?
No. No todos los pacientes operados de cáncer de recto necesitan un estoma, es decir, una bolsa. La necesidad de un estoma se determina según la localización del tumor, su relación con los músculos del ano, el tipo de operación realizada y la seguridad de la unión intestinal.
Algunos pacientes no necesitan nunca un estoma. En otros se realiza de forma temporal para proteger la cicatrización de la unión intestinal y puede cerrarse más adelante. En un número menor de pacientes, en los que el tumor ha avanzado hacia los músculos del ano o no es posible una unión intestinal segura, puede ser necesario un estoma permanente.
¿Por qué se administra radioterapia o tratamiento farmacológico antes de la operación?
En algunos cánceres de recto pueden aplicarse radioterapia y quimioterapia antes de la operación. El objetivo de estos tratamientos es reducir el tamaño del tumor, aumentar el control de la enfermedad en la zona en la que se encuentra y tratar en una fase temprana las células cancerosas que todavía no pueden detectarse con las pruebas de imagen.
No se aplica el mismo tratamiento a todos los pacientes. El tipo y el orden del tratamiento se determinan teniendo en cuenta la localización y el estadio del tumor, los hallazgos de la resonancia magnética y el estado general de salud del paciente.
Si respondo por completo al tratamiento, ¿es posible que no necesite operarme?
En algunos pacientes seleccionados en los que los signos del tumor desaparecen por completo después del tratamiento previo a la operación, puede considerarse un seguimiento muy estrecho en lugar de la operación. Sin embargo, esta estrategia no es adecuada para todos los pacientes.
La decisión de “respuesta completa” no se toma solo según el resultado de la biopsia. Se valoran conjuntamente el tacto rectal, la endoscopia y una resonancia magnética del recto de alta calidad. Si se elige el seguimiento sin operación, las revisiones deben ser regulares, frecuentes y prolongadas. Si el tumor vuelve a crecer, es importante que la operación pueda realizarse a tiempo.
¿Cuánto dura el tratamiento?
La duración del tratamiento varía según el estadio de la enfermedad y los tratamientos que se vayan a aplicar.
En los pacientes con enfermedad en estadio precoz que solo necesitan cirugía, la operación y el primer periodo de recuperación suelen completarse en 1–3 meses. Si después de la operación se necesita quimioterapia, este periodo puede alargarse.
En el cáncer de recto localmente avanzado, en el que es necesario aplicar quimioterapia y radioterapia antes de la operación, el tratamiento dura más. Si se consideran en conjunto la quimioterapia, la radioterapia, la nueva valoración de la respuesta al tratamiento y la operación, el proceso total puede durar en la mayoría de los pacientes aproximadamente 6–9 meses.
La radioterapia puede aplicarse en algunos pacientes durante aproximadamente 1 semana y, en otros, junto con quimioterapia durante aproximadamente 5–6 semanas. La parte de quimioterapia suele durar 3–4 meses, según los fármacos utilizados y el plan de tratamiento. Una vez completados los tratamientos, se valora la respuesta del tumor mediante exploración, endoscopia y resonancia magnética del recto, y se determina el momento de la operación o del programa de seguimiento estrecho [1–4].
Estas duraciones son aproximadas. La respuesta al tratamiento, los efectos secundarios de los fármacos, la recuperación después de la operación y la necesidad de tratamientos adicionales pueden modificar la duración total.
¿Es hereditario el cáncer de recto?
La gran mayoría de los cánceres de recto no son una enfermedad hereditaria transmitida directamente por la madre o el padre. No obstante, una parte de los pacientes puede tener predisposiciones hereditarias, como el síndrome de Lynch.
Las recomendaciones actuales respaldan que, en el tejido tumoral de los pacientes diagnosticados de cáncer colorrectal, se valoren las pruebas de MMR o MSI, que orientan sobre el síndrome de Lynch. Si en el resultado de la prueba se detecta un hallazgo sospechoso, pueden recomendarse asesoramiento genético y un análisis de sangre [2,6].
Identificar una enfermedad hereditaria es importante no solo para el tratamiento del paciente, sino también para determinar a qué edad y con qué frecuencia deben someterse a cribado los familiares. Sin embargo, que haya cáncer de recto en la familia no significa necesariamente que los demás miembros vayan a desarrollar un cáncer.
¿Cómo debo alimentarme durante el tratamiento?
No existe un único programa de alimentación válido para todas las personas con cáncer de recto. El plan de alimentación debe prepararse de forma individual según el tratamiento que se vaya a aplicar, el hábito intestinal, la presencia de un estoma, el peso y las enfermedades asociadas.
Las guías actuales de nutrición recomiendan detectar precozmente la pérdida de peso y la desnutrición durante el tratamiento del cáncer. Una ingesta suficiente de energía, proteínas y líquidos puede ayudar a tolerar mejor el tratamiento y a la recuperación [7].
Si aparecen diarrea, estreñimiento, falta de apetito, náuseas o pérdida de peso involuntaria, debe hablarse con el médico y con el dietista-nutricionista. Como las necesidades de cada paciente son diferentes, deben evitarse las dietas innecesarias y muy restrictivas. Los productos de herbolario y los suplementos alimenticios no deben utilizarse sin consultar al médico, ya que pueden interaccionar con los fármacos de quimioterapia.
¿Cuándo se cierra el estoma temporal?
No existe un plazo exacto válido para todas las personas para cerrar el estoma temporal. En primer lugar, es necesario que la unión intestinal haya cicatrizado de forma segura, que no haya infección ni fuga y que el paciente esté en condiciones de someterse a una nueva operación.
Los tratamientos en curso, como la quimioterapia, y el estado general de salud del paciente también pueden influir en el momento del cierre del estoma. Antes del cierre, la unión intestinal puede comprobarse mediante exploración, colonoscopia o pruebas de imagen.
Las guías actuales de cirugía de estomas también recomiendan que la decisión de cierre se tome de forma individual para cada paciente y que la formación sobre el cuidado del estoma forme parte del proceso de tratamiento [8].
¿Se ve afectada la vida sexual después del tratamiento del cáncer de recto?
Los nervios que rodean el recto están estrechamente relacionados con la micción y las funciones sexuales. La operación, la radioterapia y los demás tratamientos pueden causar en algunos pacientes disminución del deseo sexual, problemas de erección o de eyaculación en los hombres, y sequedad vaginal o dolor durante las relaciones en las mujeres.
La aparición de estos problemas varía según la edad del paciente, el tratamiento aplicado y sus funciones antes del tratamiento. Algunas molestias pueden disminuir con el tiempo; otras pueden requerir medicamentos, rehabilitación del suelo pélvico o el apoyo de especialistas.
Las guías actuales de seguimiento y calidad de vida recomiendan valorar específicamente las funciones urinaria y sexual durante las revisiones. Por ello, es importante que los pacientes compartan estas molestias con su médico [5]. Si es necesario, puede recibirse apoyo de urología, ginecología, rehabilitación o salud sexual.
¿Significa el sangrado por el ano necesariamente un cáncer?
No. El sangrado por el ano también tiene causas benignas, como las hemorroides y la grieta anal. Sin embargo, el sangrado no debe atribuirse sin más a “almorranas”.
Si el sangrado se repite o se acompaña de cambios en el hábito intestinal, pérdida de peso sin explicación, cansancio o anemia, debe consultarse al médico. La causa del sangrado debe determinarse mediante exploración y, si es necesario, colonoscopia.
¿Cuándo podré volver a mi vida normal después de la operación?
El tiempo de vuelta a la vida diaria varía de una persona a otra. La mayoría de los pacientes pueden retomar de forma gradual las actividades diarias ligeras en unas semanas. Sin embargo, el momento de levantar pesos, conducir, hacer ejercicio y volver al trabajo varía según la operación realizada y el ritmo de recuperación.
Es importante aumentar las actividades de forma progresiva y seguir las recomendaciones del médico. Si aparecen fiebre, dolor cada vez mayor, hinchazón abdominal marcada, vómitos persistentes, secreción en la herida o un problema importante para defecar, debe ponerse en contacto con el equipo sanitario.
Lo que debe saber
En el cáncer de recto, el tratamiento más adecuado se planifica en un comité multidisciplinar no solo según el estadio de la enfermedad, sino también según la localización del tumor en el recto, los hallazgos de la resonancia magnética, sus características biológicas y las prioridades de la persona.
Referencias científicas
Para elaborar la información de esta página se han tomado como base guías internacionales actuales y estudios científicos de alto nivel.
- ESMO Clinical Practice Guideline: Localised Rectal Cancer (2025)
- ASCRS Clinical Practice Guideline: Management of Rectal Cancer—2023 Supplement
- ASTRO Clinical Practice Guideline Focused Update: Radiation Therapy for Rectal Cancer (2025)
- NCI Rectal Cancer Treatment (PDQ®), health professional version
- ASCRS Clinical Practice Guideline: Surveillance and Survivorship Care After Curative Treatment (2021)
- National Cancer Institute. Genetics of Colorectal Cancer (PDQ®). Actualización: 21 de marzo de 2025. https://www.cancer.gov/types/colorectal/hp/colorectal-genetics-pdq
- Muscaritoli M, Arends J, Bachmann P, et al. ESPEN practical guideline: Clinical nutrition in cancer. Clinical Nutrition.2021;40(5):2898–2913. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33946039/
- Davis BR, Valente MA, Goldberg JE, et al. The American Society of Colon and Rectal Surgeons Clinical Practice Guidelines for Ostomy Surgery. Diseases of the Colon & Rectum. 2022;65(10):1173–1190. https://www.ascrsu.com/ascrs/view/ASCRS-Toolkit/2851081/all/Ostomy_Surgery__2022_
Información importante: La información de esta página se ha elaborado con fines de información general, a partir de la literatura científica actual y de guías internacionales. Las características clínicas de cada paciente son diferentes; la información aquí recogida no sustituye una valoración médica personal, un diagnóstico ni una recomendación de tratamiento. Las personas con sospecha de cáncer de recto, con síntomas o con factores de riesgo deben consultar al médico para una valoración personal. El plan de tratamiento debe establecerse teniendo en cuenta conjuntamente las guías actuales y la valoración de un comité multidisciplinar.